La cuarentena trajo más uso de pantallas, más estrés, menos horarios fijos y menos actividad. Insomnio, jet lag social y algunos malos sueños, resultados inevitables.

Teniendo en cuenta que pasamos alrededor de un tercio de nuestra vida durmiendo, era difícil pensar en una cuarenteba impuesta para prevenir las transmisiones de coronavirus que no afectara también la vida nocturna. Insomnes que duermen peor que antes, personas que van desfasando su horario de sueño, y otras que simplemente descansan más por tener más tiempo libre en sus manos, lo que muestra que la vida “normal” les quitaba esas horas de descanso. ¿Qué factores afectaron el descanso de las personas? En común a todos los casos hay una rutina que fue sacudida, situación que cristalizó en preocupaciones inesperadas derivadas del aislamiento, en inactividad física y en un mayor uso de las pantallas para comunicarnos y trabajar. 

Luciano Recchia, neurólogo del Departamento de Asistencia Médico Social Universitario (Damsu), apuntó que es de esperar que haya un aumento en las patologías relacionadas con el sueño. Sobre todo, el insomnio, que es la que mayor relación tiene con el estrés. “No puedo dar una experiencia mía, porque estamos trabajando poco en consultorio con patología no urgente, pero seguramente cuando esto vaya pasando y volvamos a ver pacientes, es de esperar que haya aumentado mucho la frecuencia de consultas por insomnio”, manifestó Recchia.

Según definió el especialista, se habla de insomnio cuando se combina el logro de un sueño no reparador o de mala calidad con la presencia de condiciones normales para llevar a cabo un adecuado sueño. Es decir, una habitación a oscuras, cómoda y sin ruidos.

Tres ejemplos de la cuarentena afectando al sueño

Celia Daraio se especializa en Medicina del Sueño y es la fundadora de Neuromed Argentina, institución médica basada que trabaja con neurociencias. La neuróloga afirmó que hay un fuerte incremento en los trastornos del sueño. En este sentido, dividió los casos en tres tipos: un grupo más vulnerable, con predisposición al insomnio, que de la mano de la ansiedad potenciada en estos tiempos vio alterada aún más su calidad de sueño.

En segundo lugar, un grupo que está experimentado jet lag social. “Muchos nos estamos durmiendo avanzada la noche, cerca de la madrugada, y por ende desfasando nuestro horario de sueño hacia la mitad de la noche y la mañana hasta el mediodía”, ilustró Daraio.

El otro caso es el más amable, entre comillas: algunas personas duermen más. Para la especialista esto demuestra que, en la rutina de su día a día, estas personas están privadas de sueño, y representa un llamado de atención para que cuiden más su sueño cuando vuelvan a sus actividades en condiciones más normales.

Es de esperar que aparezcan trastornos de sueño cuando hay cambios de hábito, y si algo provocó esta cuarentena en los días de las personas es un cambio en sus rutinas. Quizá, hasta una desaparición de la misma.

 

Otras consecuencias de la pandemia: más embarazos no deseados y mutilaciones genitales

Sociedad Unidiversidad por Unidiversidad / Fuente: Noticias ONU / Publicado el 30 DE ABRIL 2020 Una investigación del Fondo de Población de la Organización de las Naciones Unidas (UNFPA) reveló las “catastróficas” consecuencias que tendrá la pandemia de COVID-19 en salud de millones mujeres y niñas de todo el mundo.

“Al no haber hábitos constituidos de rutina, de horarios de trabajo, pueden aparecer siestas que antes no estaban, y las horas de la siesta se suman al descanso diario”, sostuvo Andrés Barboza, jefe del Servicio de Neurología Clínica del Hospital Central y vicepresidente de la Sociedad Neurológica Argentina.

En cuanto a los sueños, es algo que resulta más difícil de medir. Estos se producen en una etapa particular del sueño, la del movimiento ocular rápido (REM, por su sigla en inglés), que se da varias veces por noche. El que más se suele recordar es el último, con historias más organizadas y complejas; es el último que solemos tener antes de despertarnos. Barboza apuntó que una expresión más vívida de los sueños puede deberse simplemente a que la gente se despierta más tarde, y por eso los recuerda mejor.

Los enemigos del sueño: estimulantes, luz azul y no tener horarios

Hay toda una batería de cosas que se pueden hacer contra el mal sueño. Por supuesto, la principal es no automedicarse y consultar con un especialista. Dentro de lo casero, los neurólogos consultados indicaron distintos tips. Daraio hizo énfasis en no tomar estimulantes como mate, café y gaseosas después de las 17, al igual que bebidas alcohólicas. Mantener la actividad física y exponerse al sol también ayuda a dormir mejor.

Y limitar, dentro de lo posible, el uso de dispositivos con pantallas —prácticamente nuestra única vía de contacto con familiares y amistades—. “La luz de las pantallas confunde al cerebro. No deja que se secrete una sustancia que se llama melatonina, que es la que abre las puertas del sueño y nos permite iniciar todos los procesos para dormirnos naturalmente”, explicó la neuróloga.

Recchia subrayó asimismo la importancia de no beber alcohol ni cafeína por las noches. Además, mantener una rutina forzada, aunque el aislamiento la haga parecer innecesaria. Comer siempre a la misma hora, hacer ejercicio a la misma hora, dormirse a la misma hora. “Los resultados no son inmediatos, pero cuando logramos mantener esta rutina, que por supuesto requiere disciplina, los resultados a mediano plazo se empiezan a observar —aseguró el especialista—. Y en quienes logramos que cumplan con estos parámetros, podemos ahorrarnos tener que usar psicofármacos para inducir el sueño, que tiene que ser la medida última”.

fuente: Mariano Rivas/Unidiversidad

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