La pobreza, entendida desde una dinámica multidimensional que pone el foco en múltiples carencias que afectan la calidad de vida y expectativas de desarrollo de niños, niñas y adolescentes, fue el tema central del último informe relacionado al tema publicado este martes por Unicef Argentina.

Las conclusiones planteadas tomaron como base las últimas estadísticas de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), del primer trimestre de 2018, realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas e Investigaciones Económicas.

Así, el análisis difundido por la entidad internacional dedicada a las problemáticas relativas a las primeras etapas de la vida de las personas, no se reduce sólo a las privaciones materiales de la población en general y de la niñez en particular, sino que se explaya sobre una mirada que va más allá de considerar a la pobreza como la mera escasez de ingresos.

El concepto así planteado, apunta a entender que ser pobre no sólo tener dificultades para llevar un plato de comida a la mesa, asistir a la escuela (o hacerlo  con retraso), no poder vestirse de manera adecuada ni tener acceso a servicios tan básicos como el agua potable o la corriente eléctrica.

Ser pobre, desde la perspectiva planteada por Unicef Argentina, también significa vivir en lugares amenazados en forma permanente por la inseguridad, vivir en condiciones de hacinamiento o no contar siquiera con un baño digno.

A partir de las conclusiones de Unicef se deduce que al menos 42% de los niños y niñas del país (de 0 a 14 años) vive en hogares con ingresos que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas, mientras que al menos 48% (es decir casi la mitad del total) sufre de alguna vulneración en su derecho fundamental a la educación, el saneamiento o la protección social entre otros indicadores.

Para obtener un panorama más detallado, Unicef Argentina abordó las estadísticas según cada región del territorio Nacional. En Cuyo, de hecho, aparece que 14,8% de los niños, niñas y adolescentes de hasta 17 años vive en condiciones de pobreza extrema, es decir, que ni siquiera cuenta con la cobertura básica de sus necesidades de alimento, calzado, o vestimenta. En tanto que al menos 33,6%, es decir un tercio de la población infanto- juvenil, carece de alguna de las condiciones elementales para desarrollarse y proyectar su futuro de manera armónica.

Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) también dan cuenta que en Mendoza la situación de la infancia es cuando menos, crítica: Durante el primer trimestre del año que finaliza, 68% de los niños y niñas de la provincia figura como pobre indigente o pobre no indigente casi en la misma proporción.

Vale decir que ése porcentaje representa nada menos que a 329.666 niñas y niños que aún ni siquiera han cumplido los 14 años y que día a día afrontan carencias de toda índole, el hambre y la falta de una vivienda básica, entre los más críticos.

El informe de Unicef Argentina no ha dejado estos aspectos de lado. De hecho, las consecuencias negativas que afectan directamente a las posibilidades de crecimiento de los niños y niñas se reproducen en la siguiente generación. Pero además, “comprometen el presente y futuro de las niñas y niños que la viven, así como el desarrollo económico y el bienestar social del país”, según explica el informe presentado.

Panorama Nacional

Desde la perspectiva de Unicef al integrar las privaciones no monetarias en las que vive gran parte de la población en el país, se deduce que al menos 3 millones y medio de niñas, niños y adolescentes tienen carencias que obstaculizan sus posibilidades de crecimiento pero además viven en hogares con ingresos insuficientes, en un contexto que no ofrece mejoras. Dentro de la población general más de 7 millones de personas están en ésa situación. De ésa cantidad, casi la mitad (48,6% es decir 3 millones)son niñas, niños y adolescentes menores de 17 años.

El informe de Unicef también da cuenta de aquellas personas que quedan fuera de las mediciones debido a la metodología oficial para medir la pobreza, basada en el nivel de ingreso. Así, se estima que al menos otros 3 millones más de niños, niñas y adolescentes en Argentina que si bien residen en hogares con ingresos suficientes, al menos uno de sus derechos (acceso a la educación, salud, servicios, saneamiento, etc), se ven vulnerados. En el mismo sentido, la población general en estas condiciones incluiría a al menos 10 millones de personas. fuente: Zulema Usach /Unidiversidad

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