Para la mayoría de las mujeres es algo normal que ocurre mes a mes, que hasta ah dejado de ser tabú. Sin embargo, aun existe partes de la población mundial para quienes la menstruación es una tortura.

La mayoría de las mujeres consumimos producto de higiene femenina como: toallitas femeninas, tampones, copas menstruales (estos son algunos). Pero lamentablemente en países de África las niñas no tienen acceso a ninguno de dichos elementos, lo que hace que sean horribles. tienen que usar productos que tienen a mano como trapos, paja seca; que al final del día hace que terminen en infección si no pueden tener la higiene adecuada. Ademas al no sentirse protegidas deciden abandonar la escuela por un par de días al mes o para siempre.

Diana Sierra se gano una beca para estudiar diseño industrial para estudiar en la Universidad de los Andes, una vez que ella termino su carrera se dedico los siguientes 10 años para trabajar en diseños tecnológicos de marcas importantes. Pero se dio cuenta de que estaba diseñando para el cliente equivocado, cuando empezó a hacer su maestría en la Universidad de Columbia, Nueva York. Estaba diseñando para el 10 % de las personas que pueden pagar por estas cosas. Pero el 90 % restante no era visto como buen mercado.

Diana

En el 2012 se fue a áfrica con la idea de cambiarle la vida a las personas. Llegó a Barara, una zona rural de Uganda, donde sólo tenía agua tres veces a la semana, seis horas de luz diaria y su dieta era a punta de fríjol, piña y maní. Su trabajo era hacer accesorios, Pero mientras trabajaba con la comunidad empezaron a llegarle varias niñas, entre los 11 y los 15 años, que buscaban trabajar en la cooperativa. Averiguó por qué estas niñas permanecían de brazos cruzados y descubrió que la menstruación era un problema para ellas, sobre todo las que vivían en zonas rurales.

El 40 % de las niñas en el mundo no tienen acceso a productos sanitarios cuando menstrúan. Eso significaba que las niñas perdían una semana de clases cada mes. El cálculo era doloroso: una cuarta parte del año escolar, si se juntaran los días. “Entonces los padres piensan que la niña no rinde y la sacan. Las matrículas son caras, el machismo es brutal y se las llevan a trabajar a la finca”.

Diana comenzó a crear un producto para solucionar dicho problema. Decidió crear el primer prototipo de toalla higiénica con tela de sombrilla y un mosquitero que tiene una durabilidad de un año. El mecanismo de la toalla es muy sencillo y funciona con un bolsillo de malla que se sella y se amarra a la parte inferior del calzón . Allí se pueden insertar piezas de tela, papel higiénico, algodón o trapos para absorber el flujo.

Lamentablemente, se enfrentó a un problema mayor: no todas las niñas tenían recursos para usar ropa interior, así que Diana creó un segundo producto aún mejor: creó el calzón que viene en tonos fuertes, coloridos y de encajes seductores. Estos, más seguros y fijos, tienen una durabilidad de dos años y funcionan bajo el mismo principios que las toallas sanitarias.

Así nació Be Girl, una empresa que produce toallas sanitarias y ropa interior para niñas de países como Uganda, Malawi, Tanzania, Ruanda, Malí, Jordania, Marruecos, las Islas Salomón, Georgia, Etiopía, Somalia y Estados Unidos.

Be Girl distribuye los productos a dichos países, pero también las vende en linea a países de Europa y EE.UU y con cada compra del producto se dona una a una niña de África. No solo cambian la vida de las mujeres de África sino que también ayuda al medio ambiente ya que son re utilizable y el gasto de toallas femeninas y desechos se reducen considerablemente.

toalla Be Girl

Gerard404
Gerard404 * Soluciones Informáticas
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