En una escuela platense, los alumnos “fabrican” los alimentos que consumen

La Escuela es la Primaria 60 de 2 bis y 515, en Tolosa, La Plata, allí desarrollan un proyecto de huerta escolar que moviliza a toda la comunidad educativa. Cada día, los niños almuerzan con productos que ellos cultivan, cuidan y cosechan

Hay una escuela de La Plata donde los chicos y chicas acompañan sus almuerzos con verduras y legumbres cultivadas, cuidadas y cosechadas por ellos mismos. El proyecto nació a comienzos de este año. Y movilizó tanto a los alumnos y ayudó tanto a las maestras a enseñarles “un montón de cosas”, que terminó el ciclo lectivo con un reconocimiento del Concejo Deliberante declarándolo de “interés municipal”.

¿Cuál fue el premio? Yo no lo vi”, le dice Agustina Costa, estudiante de 4º grado, a la directora, Graciela Tillería, en el salón de la biblioteca. “Se los leí en la Municipalidad. ¿No te acordás?”, le responde la docente. “¡Ah! ¿Entonces el premio era ese papel que sacaste?”, comenta entre sorprendida y risueña.

Agustina, minutos antes de entrar a la biblioteca, había participado junto con varios compañeros de la última cosecha de lechuga y cebolla de verdeo del año. Pertenece a uno de los dos grupos de alumnos que se ocupan “a full” de la huerta escolar, comenta Graciela.

La niña es inquieta, curiosa, inteligente “a simple vista”. Se le pregunta por el tomate. Despliega un enorme calendario que les regaló un investigador del INTA tras brindar una capacitación “tan enriquecedora” que nadie olvidará en la escuela de Tolosa. “A ver… Se cultiva en agosto-septiembre y se cosecha desde febrero”, afirma. La directora no puede evitar una gran sonrisa de satisfacción. “A partir de la huerta aprendieron muchas cosas, incluyendo lectura e interpretación de gráficos”, dice en voz bajita .

La Escuela 60 -2 bis y 515- se encuentra a dos pasos de un barrio repleto de carencias. Pero si hay algo que a los niños y niñas no les falta es cariño y contención por parte de las maestras, auxiliares, bibliotecaria, directivos.

Entran a la biblioteca. Está la dire. Se sientan alrededor. Y sin dejar de hacer ese sano bullicio que caracteriza a todos los niños, se mueven con comodidad. Se nota que están a gusto.

La búsqueda de proyectos movilizadores siempre fue el norte de la comunidad docente. La huerta tuvo un efecto “espectacular”. Por ello seguirá creciendo y abasteciendo el comedor de este colegio de jornada completa.

En 2016, los alumnos de la secundaria iniciaron una huerta en un rincón del patio. “Los más chicos la vieron y se entusiasmaron. Entonces, a principios de este ciclo lectivo presentamos como proyecto institucional la huerta escolar”, rememora Graciela, quien en su momento hizo una capacitación en huertas orgánicas brindada por UPCN y desarrolló la experiencia en dos escuelas donde fue docente antes de llegar a la 60. Una de ellas, la Primaria 2 del centro de la Ciudad.

“Hay que remover la tierra, poner las semillas, regar, sacar las malas hierbas, limpiar”, sintetiza Aaron Timoteo, también alumno de 4º grado.

Agustina explica, a pedido de la directora, porqué al principio las plantas no crecían mucho. Se los enseñó Ramiro, el científico del INTA que también les dejó paquetes de semillas y consejos para espantar bichos sin usar productos “extraños”. “Es que poníamos muchas semillas juntas. Hay que poner una cada diez centímetros”, asegura la pequeña.

Los bichos se controlan con las plantas aromáticas -que también sirven para saborizar el mate- y a los pájaros -que una vez les picotearon las plantas- los espantan con cintas blancas movidas por el viento. Todo es natural y va de la quinta, situada en un espacio del patio, directo a la cocina. Y de allí a la mesa.

Los alumnos le dedican dos días a la semana a la tarea de quitar la mala hierba, limpiar, controlar, regar. Siempre tutoreados por los profesores (de Inglés y Plástica) y las maestras. Las auxiliares utilizan los productos para hacer comidas elaboradas -algunas desconocidas para los chicos- y “riquísimas”.

PASO A PASO

En mayo prepararon los canteros. El 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, decidieron festejarlo con una plantación masiva. Semillas de lechuga colorada y criolla, rabanito, perejil, albahaca, apio, acelga, rúcula, boldo, romero, tomillo, cebolla de verdeo, curry, menta y melisa (hierba con sabor a limón) fueron ubicadas como les enseñó Ramiro.

“Cuando volvimos de las vacaciones de invierno estaba todo verde, y los chicos, enloquecidos”, rememora Graciela. Así, el 4 de agosto fue el gran día de la primera cosecha. Aún hay carteles en la escuela que rezan “Hoy comemos milanesas con ensalada de nuestra huerta”.

Luego llegaron los bocadillos de acelga mezclados en un pan de carne y los cabos de penca (apéndice de la hoja que la une al tallo) en escabeche. “La receta la conocía Nelly (una de las cocineras) y a muchos nenes les encantó”, recuerdan.

Otra “consecuencia” de la huerta fue una gran reunión familiar. El 20 de septiembre, padres y madres sembraron junto con sus hijos. “Y los alumnos de 6º, que ya sabían leer todas las especificaciones técnicas de los sobres de semillas, armaron paquetitos con distintas verduras para que se lleven a sus casas”, apuntan las docentes, entre ellas, Cristina Aubert, maestra de 4º grado. “Yo planté en mi patio lechuga y rabanito, y mi mamá los usa en las comidas”, comenta Leo Herrera, uno de sus alumnos.

Momento de la despedida de la Primaria 60. “Ahora esperaremos por el tomate -aún verde pero creciendo a buen ritmo-, por el zapallo -que va subiendo por la alambrada- y por el morrón. Por lo pronto, la semana que viene comeremos unas regias empanadas de carne con el verdeo que se cosechó hoy”, les dice Graciela a los chicos, quienes ya empiezan a saborearlas.

En el proyecto escrito, denominado “La huerta en la escuela”, la comunidad educativa plantea como uno de los objetivos “despertar en los niños la idea de transformarse en protagonistas”.

“Se propone un modelo educativo donde los alumnos puedan mejorar sus capacidades, tomar conciencia de lo que significa obtener alimentos y su relación directa con la naturaleza (a través de) un modelo productivo con técnicas sencillas y económicas, poco requerimiento de insumos, incorporando la idea de respeto al ambiente, los beneficios de proteger la biodiversidad, conciencia de responsabilidad y planificación a futuro trabajando para un fin determinado con otros (en equipo)”. Y lo hicieron realidad.

Grupos de alumnos se ocupan “a full” de la huerta escolar. El proyecto institucional se puso en marcha a principios de año y, con el tiempo, los productos cultivados, cuidados y cosechados por los propios chicos pasaron a formar parte del menú diario del comedor

fuente y fotos: eldia.com

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Gerard404 * Soluciones Informáticas
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