Rodolfo Waslh escribió “Esa mujer”, uno de los mejores cuentos de la literatura argentina, y el “Santa Evita” de Tomás Eloy Martínez levantó furiosas polémicas. Hay óperas, películas, montones de libros y canciones. Lo que sea Evita es pasión.

La mujer trabajaba por los humildes, reivindicaba sus derechos y promovía soluciones concretas y cada una de esas acciones generó historias familiares que se reprodujeron hasta el infinito en las sobremesas de tíos, hermanos y abuelos. “La primera vez que dormí en un colchón”, “la primera bicicleta que tuve” “la primera pelota de cuero”, “estaba muerta y me dio un trabajo” y así.

Todavía se estas escuchan esas anécdotas. Y los estúpidos creen que los mitos se hacen de la nada. O no se pueden dar cuenta lo que significó en aquella época el primer colchón para alguien que dormía en el suelo o la primera bicicleta para un chico que veía pasar al vecino rico con la suya. O la poderosa identificación que generaba cuando mandaba a paseo a las viejas oligarcas que trataban con desdén y desprecio al pueblo. Hasta cuando se vestía como princesa se apropiaba de un lugar que la excluía.

Evita se desmarca todo el tiempo, es una personalidad poderosa como la onda expansiva de una bomba, es exacta porque muere en la hoguera de su pasión, como la definió Walsh en dos palabras: Esa mujer.

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Gerard404 * Soluciones Informáticas
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